Lo que me dejó “La breve y maravillosa vida de Óscar Wao”

Sólo comento los libros en los cuales hay personajes que meses o años después de conocerlos, me martillan la cabeza, me despiertan sobresaltada, me asaltan en los carros públicos o me hacen reír en el trabajo.

Oscar Wao es uno de esos amigos que me he encontrado en las páginas. ¡Pobre nerd! Entre nosotros no hay espacio para los excéntricos. Los dominicanos, que compartimos las excentricidades más alocadas, sólo soportamos las locuras compartidas, las individuales nos molestan mucho. 

Por esa razón, una familia dominicana típica no puede tolerar que su hijo se convierta “en el pariguayo del barrio” en el antí macho. A esa intolerancia súmele la presión de grupo y tendrá usted un coctel para crear la infelicidad de cualquiera o para forjar un carácter de hierro, que todo puede ocurrir.

Y fue un dominicanyork, hijo de una familia dominicana de la diáspora quien nos enrostró en la cara estos defectos.

Subrayé un párrafo del libro y sus ideas me han perseguido por meses. Lo leo otra vez y pienso en defectos y crueldades que contribuye a crear nuestra cultura: machismo, intromisión desmedida en la intimidad de los otros (y de las otras ni se diga) y presión de grupo para impedir cualquier pequeño acto de libertad.